Por Aluned Moreno
Recientemente, en este mes de julio, se ha estrenado en cines La Odisea de Christopher Nolan. Y yo, como gran admiradora que soy de la épica homérica y algo cinéfila, no podía perderme esta nueva adaptación de esa magna obra de la literatura griega que es la Odisea de Homero. Antes de ver el filme, ya había leído en redes sociales algunas polémicas sobre el reparto de la película, vinculadas a la agenda ideológica que ha impulsado Hollywood en los últimos tiempos. Pero, a fin de cuentas, todo es político, y eso, a decir verdad, no me ha parecido lo más relevante de este filme. Como tampoco lo es la “fidelidad” a la obra original, pues este es un criterio que ha sido ya superado dentro de las teorías que analizan las adaptaciones de obras literarias llevadas al cine.
En todo caso, cuando he estudiado las transformaciones de mitos y obras antiguas en la contemporaneidad, lo que más sugerente me resulta son precisamente las variaciones que introducen los autores contemporáneos, y las nuevas perspectivas o aportes que hacen a los modelos originales. Porque eso da cuenta de los diálogos multidireccionales que ocurren siempre entre el pasado y el presente.
Se podría desde luego también analizar si se representa con precisión la época de los poemas homéricos en la película, a través del diseño, el vestuario, etc., y aquí probablemente hallaríamos algunos anacronismos. Pero, en mi opinión, eso tampoco le quita al filme la fuerza que ha tenido para revivir el mito antiguo.
Antes de ir a ver la película, y aun sabiendo que estaba dirigida por un sobresaliente director de cine como Nolan y que estaba protagonizada por reconocidos actores (que, como no podía ser de otro modo, realizaron actuaciones magistrales), intenté no llegar con enormes expectativas y solo ir a ver con qué me encontraba. Y, a decir verdad, el filme me sorprendió gratamente y lo disfruté. Lo que en realidad más me gustó de La Odisea de Nolan es lo filosófica que es esta película, lo cual honra la esencia del poema homérico y, en general, de la cultura y la mitología griegas. Mientras veía la película, me fueron surgiendo muchas reflexiones y eso es lo que quiero compartir en estas líneas.
La vuelta a una obra tan clásica como la Odisea de Homero es siempre un buen motivo para leer el texto original. Yo he leído la Odisea varias veces, pero como hace ya tiempo de mi última lectura, creo que es un buen momento para releerla. La película –que, por cierto, me ha hecho regresar igualmente al cine después de mucho tiempo– me ha incitado a ello, y me parece que es algo positivo que logran muchas veces estas transposiciones de obras literarias a la gran pantalla. Ojalá que este revival de la épica antigua lleve igualmente a muchas personas que no conocen aún esta obra a buscarla y leerla, o al menos intentarlo. Porque los clásicos tienen todavía mucho que decirnos…
En principio, me sorprendió que en La Odisea de Nolan no hubiese cambios tan significativos con respecto al poema homérico. Los episodios de las aventuras de Odiseo son casi los mismos, y se mantiene lo mágico y fantástico de la antigua épica: aparecen el monstruoso Cíclope; los lestrigones, como guerreros gigantes con armaduras blancas; la hechicera Circe, que, en sus propias palabras, transforma a los hombres quitándoles sus “disfraces” y devolviéndolos a su bestialidad primigenia; los muertos con los que Odiseo se encuentra en el Hades, al hacer su nekyia (descenso al Infierno); las Sirenas, que con sus cantos enigmáticos, según contará el mismo Odiseo, te dicen todo lo que hubieses deseado que hubiera sido, lo que deseas tener en la vida, que es precisamente lo que no ya puedes tener porque era lo que tenías y perdiste; el estrecho entre Escila y Caribdis; el sacrificio de las vacas sagradas del Sol; la isla de Calipso…
La ausencia más notable entre estos episodios de las aventuras de Odiseo es el de la isla de los feacios, a la que el héroe llega después de abandonar la isla de Calipso, y de donde partirá para llegar a Ítaca. En el poema de Homero, es en la isla de los feacios y ante su rey, Alcínoo, donde Odiseo cuenta en primera persona sus aventuras de modo retrospectivo. En el filme, también están presentes estos saltos temporales que empleó el aedo épico; pero Odiseo, en este caso, no cuenta su historia, sino que la va recordando.
En la película, el héroe llegó a la isla de la ninfa Calipso, quien lo acogió y le salvó la vida, pero le dio a comer loto para aliviar su dolor, por lo cual Odiseo ha olvidado quién es, y tiene que ir recordando poco a poco su vida. Así, se combina este episodio de la estadía de Odiseo con Calipso con el de los lotófagos, que en la Odisea de Homero eran un pueblo que consumía en efecto loto, lo que les provocaba un estado de amnesia permanente. En el filme, Odiseo ha olvidado su historia y esta es una variación sugerente con respecto a la obra antigua, porque precisamente aquí está el núcleo de la película de Nolan: Odiseo ha quedado atrapado en la culpa y su regreso a Ítaca solo es posible luego de que logra reconciliarse consigo mismo.
Así, la película introduce variaciones que nos hacen ver algo nuevo y desde una perspectiva distinta a los espectadores en el presente, sobre la base de la obra antigua. Y si podemos conectarnos todavía hoy con la historia de Odiseo, es porque en el mito antiguo y en las obras clásicas se contienen verdades humanas fundamentales que trascienden culturas y épocas. El viaje de Odiseo es el viaje quizás de todo ser humano en este mundo. Es un viaje que, si logramos extraer de él todo el aprendizaje necesario, nos debería conducir al final a la muerte del ego y el despertar del alma. Es un camino de perdón hacia nuestros errores y fracasos, un camino de sabiduría y autoconocimiento.
Es también un viaje que debería llevarnos a una comprensión profunda de la existencia. Odiseo ha entendido el peso de la responsabilidad, que es la otra cara de la libertad que tenemos para tomar decisiones. Su muy notable ingenio, que es su característica más sobresaliente, ha provocado daños irreparables, y él se ha dado cuenta de esto mientras Troya caía. El ardid del caballo de Troya, ideado por él, les permitió tomar la ciudad enemiga y obtener la victoria. Pero esto solo dejó a su paso destrucción, violencia, muerte, sufrimiento… Odiseo muestra en este sentido el lado oscuro de la inteligencia y cómo las ideas humanas pueden ser causantes del horror. Como expone Odiseo casi al final, al encontrarse con Penélope, con la guerra de Troya se puso fin a una era de paz, de cultura y de belleza. Por esa transgresión de los límites (hybris), cada héroe griego que sobrevivió a la guerra ha tenido que enfrentar un nóstos (regreso a casa) lleno de dolor y dificultades.
Odiseo también carga con la culpa de haber tenido que ir abandonando a sus compañeros durante su viaje de regreso. En cada aventura, varios mueren, hasta que no queda ninguno, por lo que el héroe se ve confrontado con el dolor de lo que debe ir dejando por el camino para sobrevivir. Y, ¿acaso no se trata de eso la vida? En las encrucijadas en las que siempre nos pone, hay que sacrificar algunas cosas para obtener otras. En el caso de Odiseo, por toda la sabiduría y experiencia que ha adquirido en su largo trayecto, ha tenido que pagar el precio de dejar ir a personas importantes para él, y también de pasar lejos de su familia un extenso tiempo que no podrá recuperar.
Además, algo que me ha parecido interesante sobre estas reflexiones es que, a esa libertad de elección, por la cual Odiseo debe asumir una responsabilidad, se contrapone también una supeditación al poder de la que no se puede escapar. Esto, de algún modo, estaba presente asimismo en la épica antigua. Por un lado, Odiseo responde ante Agamenón, el más poderoso de los reyes griegos, y bajo sus órdenes es que debe idear un plan para destruir Troya. Por otro lado, está el destino, si queremos llamarlo así, la Moira para los griegos, ese orden inquebrantable, que en ocasiones estaba incluso por encima de la voluntad de los dioses. En Roma luego se convertirá en el fatum, del que nos habla Virgilio a propósito de Eneas. Pero en La Odisea de Nolan vemos que Odiseo, para llegar a Ítaca, como le dice Calipso, debe por una vez soltar el control y dar un salto de fe. Y esto nos marca en efecto esa tensión entre la libertad que un hombre tiene de decidir su vida, y a la vez su dependencia de un poder superior del que no puede librarse, lo cual es una cuestión central de toda existencia humana.
Asimismo, el timing se convierte en algo esencial para que Odiseo pueda llegar a Ítaca. Solo puede zarpar hacia la isla en el momento en que está realmente preparado para hacerlo (y esa también es la vida, las cosas no suceden hasta que no estamos preparados para que sucedan). Hasta entonces, el héroe había estado consumido por la culpa, había preferido olvidar quién era, estaba perdido, se había quedado estancado en la comodidad y la anestesia ante el dolor, por eso no podía volver a Ítaca, porque en el fondo no quería hacerlo; pero, una vez que decide afrontar las consecuencias de sus actos y recordar quién es, puede reencontrarse, volver a sí mismo, a su propósito, y, solo entonces, le es posible regresar a su esencia, al amor y al hogar que lo esperan en Ítaca.
Así, al final logra regresar y ocurre la venganza contra los pretendientes de Penélope. La Némesis, justicia restauradora, hace que estos hombres que han sido abusivos y cobardes reciban su merecido, y, como es difícil empatizar con gente así –la verdad sea dicha–, la venganza de Odiseo resulta tan reconfortante de ver en la película como lo es leerla en el texto homérico. Las escenas de acción, debo decirlo, me parecieron bien logradas en el filme. Lamentablemente no tuve la oportunidad de verlo en el formato IMAX que, como es sabido, es con el que Nolan rodó esta película, pero sí estuve en una sala inmersiva, con lo cual los efectos de sonido y visuales los pude percibir con bastante intensidad, y fue muy impresionante. Por ejemplo, las escenas de la caída de Troya o del último naufragio que tiene Odiseo antes de llegar a la isla de Calipso, fueron muy intensas, las sentí como si las estuviera viviendo yo misma, y creo que ese es uno de los méritos que tiene esta película. Además, cabe agregar que su banda sonora es memorable.
El final de La Odisea de Nolan, eso sí, es un tanto diferente al de Homero. En el poema épico, Odiseo con ayuda de Atenea logra restablecer la paz, pero en el filme se marcha al exilio junto con Penélope. Tiene sentido, teniendo en cuenta que la trama se centra en la culpa que siente Odiseo por lo que ha hecho, con lo cual este exilio, con el que honrará debidamente a sus compañeros abandonados, funciona como una suerte de redención que le es necesaria. En la última escena, Odiseo habla de la esperanza de que en el futuro se olviden los errores que llevaron al fin de una era con la guerra de Troya. Es un guiño quizás a nuestra contemporaneidad, en la que estamos asistiendo al fin de una era y el inicio de otra, con todas las complejidades que esto supone.
En suma, pienso que La Odisea de Nolan es una película que vale mucho la pena ver. Entre pérdidas y reencuentros, regresos y partidas, culpa y redención, Odiseo nos muestra su humanidad. Su historia, tanto la que conocemos a través de la antigua épica griega, como la que nos presenta el filme actual, es la de todo ser humano confrontado con la vida misma. Su viaje nos hace reflexionar acerca de nuestro propio viaje existencial.
Y, en un mundo tan permeado por la inmediatez y la celeridad, que en muchas ocasiones da tan poco espacio a la pausa y la reflexión, esta historia me hace pensar en la importancia de vivir con valor y consciencia cada etapa del camino, porque (¿era esto quizás lo que cantaban las Sirenas?) las oportunidades y el tiempo perdido no se recuperan jamás. Ya lo dijo Constantino Kavafis, otro gran poeta griego de época moderna: “Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje”. De este modo, en sus continuas reescrituras y reinterpretaciones, el mito griego sigue siendo el que siempre ha sido desde la Antigüedad, sigue volviendo para recordarnos verdades humanas esenciales que a través de los siglos a veces hemos ido olvidando.
Y tú, estimado/a lector/a, ¿ya has visto esta película o has leído la obra homérica? ¿Qué opiniones tienes al respecto? Me encantaría leerte en los comentarios.

Deja un comentario